"Olé, olé, olé, Chinooo, Chinooo”, ovacionaban los hinchas a Lucas Zelarayán por su entrega, su esfuerzo por llevar a Belgrano al empate. Pero al equipo de Zielinski no le bastó con ese corazón del segundo tiempo para, al menos, remontar el resultado. Gimnasia, con un mejor fútbol y buena dinámica, ya había causado un daño que lo dejó a un paso de clasificarse a los octavos de final.
El Lobo desplazó a Racing del octavo puesto, quedó sexto y si al menos empata en la última fecha, vs. Argentinos, se asegurará el acceso a los playoffs del Apertura.
El conjunto de Ariel Pereyra viajó a Córdoba con su aire ganador y ese viento triunfal no lo abandonó. Fuerte de la cabeza, convencido de sus cualidades, Gimnasia elaboró su quinta victoria consecutiva en todas las competencias.
Despliegue, solidaridad, fútbol desde los pies de Nacho Fernández, las trepadas de Steimbach, la prolijidad de Miramon, la amenaza constante de Chelo Torres... A partir de esos intérpretes, el Lobo fue inclinando el desarrollo a su favor. Fue un equipo agresivo, rápido la transición de defensa a ataque, eficiente ante cada espacio que encontró, con profundidad por los costados.
La expulsión directa de Federico Ricca, a los 24’ del PT, marcó un quiebre en el partido, pero el Tripero no pudo ampliar el marcador. Si bien armaba buen las jugadas, cayó bastante en offside y falló en el último pase. Con inferioridad numérica, el Pirata en la segunda parte puso mucha garra. Fue con enorme amor propio, empujado por su gente porque un triunfo lo clasificaba a octavos. Aunque no halló la claridad suficiente. Gimnasia se quedó con un triunfo.