River Plate ganó. Eso es lo indiscutible. Superó a Carabobo y se subió a la cima de su grupo en la Copa Sudamericana. Pero otra vez, el resultado no alcanza para tapar las dudas que deja un equipo que sigue sin encontrar una identidad clara bajo la conducción de Eduardo Coudet.
El Millonario volvió a mostrar dos caras. Un primer tiempo deslucido, que terminó en silbidos, con un equipo lento, impreciso y sin conexión. Y un complemento en el que, a partir de los cambios, logró corregir el rumbo y encontrar la ventaja. La irregularidad se repite: pasa de la confusión total a momentos de lucidez, pero sin sostener una línea de juego.
El once alternativo no respondió. Jugadores como Kevin Castaño o Matías Viña no lograron afirmarse y el equipo sintió la falta de ritmo. A eso se sumó la salida de Fausto Vera, que encendió alarmas de cara a lo que viene. Sin peso ofensivo ni claridad en la mitad de la cancha, River hizo todo más complicado de lo necesario.
Sin embargo, Coudet movió el banco y acertó. El ingreso de piezas frescas le dio otra dinámica al equipo y terminó inclinando la balanza. La jugada del gol resumió ese cambio: conducción, decisión y profundidad en una zona que hasta ese momento no había sido explotada. A partir de ahí, River tomó el control ante un rival que se replegó.
El triunfo lo deja líder y con margen en la tabla, pero el funcionamiento sigue siendo una cuenta pendiente. Porque si bien hasta ahora los resultados acompañan, el equipo muestra señales de fragilidad que pueden costar caro.
Con el Superclásico ante Boca Juniors en el horizonte, el mensaje es claro: ganar no siempre alcanza. River deberá elevar su nivel si quiere sostener esta racha y evitar que las dudas se transformen en un problema mayor.