El FMI reconoció que las consecuencias de la guerra en Medio Oriente ya se sienten en la economía global y derivarán en más inflación y menor crecimiento. Aunque remarcó que los efectos son globales aunque desiguales entre los países. Por eso, instó a los gobiernos a adoptar medidas para intentar contener la suba de los precios de la energía en sus territorios.
“El mundo enfrenta otro shock”, sostuvo el FMI en un informe difundido este lunes por un grupo de economistas del organismo que analizaron las cuatro semanas de conflicto bélico que está “atenuando las perspectivas para muchas economías” que recién comenzaban a recuperarse.
Y alertaron que “todos los caminos conducen a precios más altos y menor crecimiento”, donde se reavivan las presiones inflacionarias en momentos en que muchos países empezaban a controlarlas.
El impacto es global, pero no uniforme, remarcó el trabajo. El cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a las plantas de energía del golfo Pérsico hicieron saltar feurte los precios, lo que hace que “los países importadores de energía, los de menores ingresos y aquellos con menos reservas” son los más expuestos.
Al respecto, el FMI remarcó que los costos energéticos más altos ya están afectando a Europa y Asia, mientras países de África y América Latina enfrentan mayores costos de importación en un contexto de escaso margen fiscal. En tanto, algunos exportadores de commodities podrían beneficiarse, aunque con matices según su capacidad de sostener exportaciones.
Entre los efectos de la guerra que mencionó el informe, el FMI puso el foco en las cadenas de suministro: la guerra obliga a redireccionar rutas comerciales, lo que hace más caros a fletes y seguros, y que provoca demoras en el transporte.
Sobre ese punto, alertó por la interrupción del comercio de fertilizantes (un tercio pasa por el estrecho de Ormuz), lo que podría derivar en menores cosechas y presionar aun más los precios de los alimentos. Esa situación para los países más vulnerables constituye un problema sociopolítico clave.