La importancia de un goleador es decisiva, sobre todo en esos partidos donde al equipo le cuesta generar juego y las ideas no fluyen. Ahí aparece el que sabe estar en el lugar indicado. Y en el fútbol argentino actual, ese nombre es Ronaldo Martínez.
Ante Rosario Central quedó claro una vez más: Talleres de Córdoba se llevó un triunfo clave en el Gigante de Arroyito, donde el Canalla llegaba con cinco partidos sin perder, y le cortó el envión nada menos que en su casa.
En un primer tiempo en el que Central imponía condiciones y parecía llevarse por delante a la T, apareció el goleador para romper el cero. La jugada nació de un rebote de Ortegoza: la pelota le quedó picando y no dudó. Remate de zurda, cruzado y arriba, imposible para Ledesma. Golazo y 1-0. Fue su segundo tanto con la camiseta albiazul y lo celebró directamente con Carlos Tevez.
Central también tuvo lo suyo. Estuvo muy cerca con un remate exquisito de Ángel Di María que se estrelló en el travesaño de Herrera. El rosarino fue el punto más alto del equipo: participativo, desequilibrante y generador de juego. El conjunto de Tevez mostró buenas subidas por las bandas con Vigo y Schott, y un gran aporte de Ortegoza, encargado de la conducción.
Cada vez que se juntaban Di María y Julián Fernández, el equipo de Jorge Almirón encontraba claridad. Sin embargo, todo se diluía en los últimos metros. Faltó profundidad y peso en el área. Ni Copetti ni Véliz lograron meterse en el partido y Central lo sintió. Incluso Di María tuvo otra clara con un remate al palo derecho que obligó a una gran respuesta de Herrera.
Pero no alcanzó. Talleres fue eficaz, sostuvo la ventaja y se llevó un triunfazo que vale mucho más que tres puntos.
Con el clásico rosarino cada vez más cerca, Central primero se medirá ante Gimnasia y Esgrima La Plata, mientras que la T enfrentará a Central Córdoba. Una victoria de talla gigante, construida con el sello que nunca pasa de moda: el del goleador.