El año arrancó con una señal incómoda para Granja Tres Arroyos: aun después de cerrar plantas, concentrar operaciones y reducir personal, la mayor avícola del país no logró normalizar el pago de salarios, aguinaldos ni vacaciones. En enero, los trabajadores de la planta La China, en Concepción del Uruguay, iniciaron un paro tras el incumplimiento del cronograma de pagos que la empresa había pactado antes de las fiestas, mientras la compañía sigue faenando casi 190.000 pollos por día en ese establecimiento.
Ese contraste, producción elevada con caja tensionada, es hoy el núcleo de la crisis. Tras el cierre de Béccar (Súper) en noviembre del año pasado y el traslado de 270 operarios a La China, Tres Arroyos concentró parte de su operación en Entre Ríos bajo un esquema de dos turnos, pero el ahorro operativo no alcanzó para recomponer el flujo financiero. En paralelo, durante 2025 salieron de la empresa cerca de 400 trabajadores entre despidos, retiros y acuerdos, un número que refleja la magnitud del ajuste interno iniciado bajo el procedimiento preventivo de crisis.
Desde el gremio, el malestar viene en aumento. El Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA), que nuclea a una parte importante del personal, viene advirtiendo que la empresa “normalizó” el pago en cuotas y que los atrasos ya no son excepcionales sino parte del esquema operativo. En La China, además, conviven dos representaciones sindicales, por los empleados propios y los trasladados desde Béccar, lo que complejiza las negociaciones y volvió más inestable el clima interno en una planta que hoy concentra buena parte del negocio.
Esta semana la empresa atravesó un paro de 48 horas en una de sus plantas productivas.
Menos plantas y más presión sobre una estructura que no cierra
El deterioro financiero se viene construyendo desde fines de 2024, cuando la empresa empezó a pagar salarios en cuotas y a reducir remuneraciones como condición para evitar despidos masivos. Ese esquema se sostuvo durante todo 2025 y desembocó en el cierre de una de las dos plantas de Concepción del Uruguay. Hoy, en La China, conviven los 740 empleados propios de Granja Tres Arroyos con los 270 trasladados de Béccar, una señal de la tensión estructural que dejó la compactación.
A pesar de eso, la actividad sigue siendo intensa. Además de los casi 190.000 pollos diarios que se procesan en La China, la planta de Capitán Sarmiento ronda los 250.000 por día, lo que refuerza una lectura que se repite en el sector: el problema no es la capacidad productiva, sino la falta de liquidez para sostener la estructura.
El origen de la crisis sigue estando en el frente externo. Tras el brote de gripe aviar de 2023, Granja Tres Arroyos perdió el acceso al mercado chino y vio caer su peso exportador del 33% al 25%. Para una compañía que llegó a facturar alrededor de u$s1.300 millones y a vender a 67 destinos, ese recorte implicó un golpe directo sobre su generación de divisas y dejó a la empresa con una estructura de costos pensada para un volumen de ventas que no logró recuperar del todo.
En ese contexto también ganó peso el rol de Tyson Foods, que desde 2022 controla el 34% de la firma. En el sector avícola se interpreta que la concentración de plantas, la reducción de personal y la estandarización de procesos responden a una lógica de ordenamiento de balances y eficiencia operativa impulsada por el socio estadounidense. Aunque no hubo anuncios formales sobre cambios accionariales, el patrón de los últimos meses con cierres, traslados, pagos fraccionados y licuación salarial, punta a un intento de redimensionar la compañía para que vuelva a ser financieramente sostenible, aun a costa de un conflicto laboral que sigue abierto y sin una salida clara.