María Agüero vive desde hace 11 años en el barrio Bicentenario II y durante mucho tiempo no pudo afrontar el costo necesario para conectarse a la red de gas natural. A través de un convenio entre Desarrollo Social y Distrigas logró acceder al servicio y contó cómo cambió la vida cotidiana dentro de su hogar.
La llegada del gas natural transformó la rutina de María Agüero y su familia en el barrio Bicentenario II de Río Gallegos, donde durante años atravesaron los inviernos dependiendo de artefactos eléctricos para calefaccionar algunos sectores de la vivienda.
Su historia forma parte del tercer capítulo de “Historias que dan calor”, una propuesta de Distrigas S.A. que recoge testimonios de vecinos que lograron acceder al servicio.
María vive desde hace 11 años en la zona de las calles 17 y 60. Trabaja en una casa de familia y también elabora pan casero y tortas para sumar ingresos a la economía familiar.
Aunque la red de gas llegó al barrio en 2017, su situación económica le impedía afrontar los costos necesarios para concretar la conexión domiciliaria.
Del caloventor al gas natural
Antes de acceder al servicio, la familia utilizaba dos caloventores que trasladaba de un ambiente a otro para enfrentar las bajas temperaturas.
“Antes era diferente, les llevaba el té a la cama porque hacía mucho frío y después les decía que se bajaran y se cambiaran”, recordó María sobre las mañanas de invierno cuando sus hijos eran más pequeños.
La dificultad para calefaccionar toda la vivienda también había concentrado buena parte de la actividad familiar en una habitación.
“Allí merendábamos”, recordó.
La situación cambió después de la conexión. “Ahora se pueden sentar a ver tele, están muy felices, conversan, hacen su tarea todo ahí abajo. Ahora arriba es para ir a dormir”, contó.
“Es un cambio rotundo. Nosotros sufrimos muchísimo. Ahora ya están grandes, pero cuando eran más chiquitos era más difícil”, expresó.
Un convenio permitió concretar la conexión
María contó que durante años consideró prácticamente imposible afrontar económicamente la instalación.
“Hija, nunca voy a tener gas porque mi bolsillo no da”, recordó que les decía a sus hijas.
Finalmente, pudo acceder al servicio mediante un convenio entre el Ministerio de Desarrollo Social y Distrigas S.A., destinado a acompañar a familias que no cuentan con los recursos necesarios para afrontar los costos de conexión al gas natural.
Según relató, una vez iniciado el proceso, la instalación se concretó rápidamente. “En menos de un mes ya tuve el gas”, señaló.
Los trabajos se realizaron durante una mañana y la sorpresa llegó cuando sus hijos regresaron de la escuela.
“Se pusieron a llorar, no lo podían creer. Lloramos juntos de la alegría”, recordó.
“Ahora la casa es otra cosa”
Con sus hijas mayores ya independizadas, María destacó que la vivienda volvió a convertirse en un punto habitual de encuentro para toda la familia.
La posibilidad de calefaccionar los diferentes ambientes permitió recuperar espacios que durante los inviernos prácticamente no utilizaban y modificar una rutina que habían sostenido durante años.
“Desde que tengo el gas no se quieren ir”, resumió María al contar cómo sus hijos volvieron a pasar más tiempo en la casa familiar.
Su testimonio forma parte de una serie de historias impulsadas por Distrigas para mostrar el impacto que tiene el acceso al gas natural en la vida cotidiana de familias de distintos puntos de Santa Cruz.