A más de un mes de los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, el Gobierno nacional y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) iniciaron un proceso de evaluación para establecer un plan de reconstrucción de las zonas más afectadas.
Durante los próximos 60 días, especialistas de distintos organismos realizarán un diagnóstico integral sobre el impacto del desastre, con el objetivo de elaborar un informe que permita definir las principales necesidades y orientar las acciones de recuperación.
El programa, denominado Evaluación de Necesidades Postdesastre, será desarrollado bajo la coordinación del Gobierno venezolano y contará con el acompañamiento técnico del sistema de Naciones Unidas, la Unión Europea, el Banco Mundial y otras instituciones internacionales.
El coordinador residente y coordinador humanitario saliente de la ONU en Venezuela, Gianluca Rampolla, explicó que el objetivo es alcanzar "una visión común y objetiva de los daños, las pérdidas y las necesidades de recuperación" en las zonas golpeadas por la tragedia.
Según detalló, un equipo multidisciplinario recorrerá los sectores afectados para analizar nueve áreas socioeconómicas y elaborar recomendaciones que sirvan como base para las políticas públicas de reconstrucción.
Un informe para definir las prioridades de recuperación
El funcionario señaló que el proceso requerirá una coordinación permanente entre las instituciones venezolanas y los organismos internacionales que participarán del relevamiento.
Por su parte, el ministro de Educación de Venezuela, Héctor Rodríguez, confirmó que al finalizar el período de evaluación se presentará un informe "detallado y realista" sobre la magnitud de los daños y las prioridades para la recuperación.
La presidenta venezolana Delcy Rodríguez también destacó la importancia del trabajo conjunto y aseguró que la iniciativa permitirá fortalecer la cooperación internacional y avanzar con herramientas concretas para la reconstrucción.
Una de las peores tragedias naturales recientes del país
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, registrados el pasado 24 de junio, provocaron una de las mayores emergencias naturales de la historia reciente de Venezuela.
Según el último balance oficial difundido el 24 de julio, el desastre dejó 5.546 muertos, 16.740 heridos y cerca de 18.000 personas sin vivienda. Desde entonces, las autoridades no actualizaron las cifras.
El impacto también alcanzó gravemente a la infraestructura. De acuerdo con los datos oficiales, 856 edificios resultaron dañados y 190 colapsaron por completo, con especial afectación en el estado de La Guaira, una de las regiones más castigadas por los movimientos sísmicos.
En paralelo, el Banco Mundial estimó que las pérdidas materiales directas alcanzan aproximadamente los 19.600 millones de dólares, una cifra que contempla únicamente los daños físicos provocados por el desastre.
El organismo internacional advirtió que una reconstrucción lenta podría afectar el crecimiento económico de Venezuela durante los próximos años, por lo que consideró clave avanzar con rapidez en un plan basado en información técnica, coordinación institucional y prioridades definidas.