El líder norcoreano Kim Jong Un ha declarado su firme intención de consolidar el estatus de Corea del Norte como potencia nuclear de manera irreversible, al tiempo que mantiene una postura dura hacia Corea del Sur, a la que ha calificado como el Estado "más hostil", según informaciones de la prensa estatal.
En un discurso ofrecido el lunes ante el parlamento de Pyongyang, un órgano que generalmente aprueba medidas sin objeciones, Kim acusó a Estados Unidos de practicar "terrorismo de Estado y agresión" a nivel global, refiriéndose de manera implícita a los conflictos en Oriente Medio. Afirmó que el Norte adoptará un papel más activo en la lucha contra Washington en un contexto de creciente sentimiento antiestadounidense. Sin embargo, no mencionó directamente al presidente estadounidense Donald Trump, señalando que la decisión de sus adversarios entre la confrontación y la coexistencia pacífica depende de ellos, añadiendo que están listos para cualquier elección.
Las declaraciones de Kim se alinean con lo que expuso el mes pasado durante el congreso del Partido de los Trabajadores, donde criticó a Seúl pero dejó abierta la posibilidad de diálogo con el gobierno estadounidense, instando a Washington a desistir de sus demandas de desarme nuclear como condición previa para las conversaciones.
En su discurso, Kim también expresó orgullo por el rápido desarrollo de las capacidades nucleares y de misiles de su país en los últimos años, considerándolo la opción "correcta" para contrarrestar futuras amenazas y las "ambiciones hegemónicas" de los imperialistas, término que utiliza para referirse a Estados Unidos y sus aliados. "La dignidad de la nación, su interés nacional y su victoria final solo pueden garantizarse con el poder más fuerte", afirmó Kim.
La prensa estatal indicó que la Asamblea Popular Suprema, que concluyó su sesión de dos días el lunes, aprobó una constitución revisada, aunque no detalló los cambios. Se esperaba que estas modificaciones consagraran a Corea del Sur como un enemigo permanente y eliminaran las referencias a una nación compartida, lo cual coincide con la dura postura de Kim tras haber declarado en 2024 que el Norte abandonaría su meta de una unificación pacífica con el Sur.
Analistas sugieren que la demonización de Corea del Sur por parte de Kim refleja su percepción de que Seúl, que facilitó sus primeras reuniones con Trump en 2018 y 2019, ya no es un mediador útil con Washington, sino un obstáculo para su ambición de asumir un rol regional más asertivo. Además, Kim ha mostrado recelo hacia el poder blando surcoreano y ha lanzado campañas para restringir la influencia de su cultura y su idioma entre los norcoreanos, buscando así consolidar el control autoritario de su régimen.
El líder norcoreano ha suspendido todo diálogo significativo con Washington y Seúl desde el colapso de su segunda cumbre con Trump en 2019 debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos. Recientemente, Kim ha estado priorizando sus relaciones con Rusia, enviando tropas y equipo militar para apoyar la guerra de Moscú en Ucrania, posiblemente a cambio de ayuda y tecnología militar.
Sin embargo, expertos indican que los recientes ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán y la muerte del antiguo líder supremo de Teherán podrían haber elevado el umbral de Kim para reactivar el diálogo con Washington.
Por otro lado, la prensa estatal de Corea del Norte informó que el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, visitará el país por invitación de Kim, aunque no se ha especificado la fecha de la visita.