Newell’s mostró que hasta hace poco no aparecía: una idea. Y también una conexión con su gente que parecía perdida. En su último partido como local antes del parate, la Lepra fue aplaudida. Sí, aplaudida. Algo impensado durante buena parte del Apertura, pero que esta vez encontró explicación en el rendimiento: fue un equipo con forma, con intención y con señales claras del trabajo de Kudelka. El empate ante Instituto dejó un poco de gusto por cómo jugó el equipo.
El primer tiempo le dejó un sabor agridulce. Newell’s fue superior, manejó la pelota y jugó en campo rival, aunque sin claridad. Instituto, en cambio, fue un equipo largo, inconexo y apurado, condicionado por la presión de ganar para meterse entre los ocho mejores. Incluso, hubo una jugada que pudo cambiar todo: Massaccese vio la roja por un golpe a Cóccaro y dejó a la Gloria con diez, pero el VAR llamó a Amiconi, revisó la acción y la sanción bajó a amarilla al considerar que fue antideportiva y no conducta violenta.
El 1-0 fue de Instituto fue un gol caído del cielo. A los 15 del segundo tiempo, en una jugada que no tuvo virtudes propias: centro incómodo, dudas en el fondo y Saúl Salcedo que terminó marcando en contra.
Pero la Lepra no se desordenó. Siguió con su libreto y fue. Kudelka movió el banco y encontró una solución inmediata: el Colo Ramírez entró y en su segunda intervención, a los 35 del ST, sacó un derechazo bajo, cruzado, contra el palo izquierdo para el 1-1.
Incluso, lo pudo haber ganado sobre el final: Herrera quedó de cara al gol, pero definió suave.
El empate no refleja del todo lo que pasó en la cancha, pero sí deja una tendencia: Newell’s suma, crece y ya lleva cuatro partidos sin perder. Y empieza a salir del fondo de la tabla.