Jadson Viera no es mago. El entrenador uruguayo apenas tuvo unos pocos entrenamientos con sus jugadores y difícilmente podía modificar de inmediato la dinámica de un Independiente que venía conviviendo con la inconsistencia. Sin embargo, durante todo el partido se lo vio activo, dando indicaciones y corrigiendo movimientos. El nuevo técnico tiene claro lo que pretende, aunque todavía está lejos de conseguirlo.
En su debut, Viera apostó por un 4-1-4-1 bien marcado, con Montiel por la derecha y Palais por la izquierda. El comienzo fue alentador: el Rojo tuvo la pelota, mostró intensidad y se animó a atacar cerca del arco de Bolcato. Pero la propuesta quedó demasiado atada al juego por las bandas y, ante la falta de variantes por el centro, el equipo comenzó a repetir sus movimientos hasta perder profundidad.
Del otro lado estuvo Independiente Rivadavia, un rival con funcionamiento y jugadores de jerarquía que supo interpretar rápidamente el partido. La Lepra se cerró en el inicio y luego adelantó sus líneas para dominar tácticamente el mediocampo. Con tres centrales controló a Ávalos, mientras que los volantes cerraron los espacios y Fernández y Salas aportaron movilidad para complicar al conjunto local.
El equipo mendocino tuvo las mejores oportunidades de la primera mitad. Arrayago salvó sobre la línea ante Arce después de una gran habilitación de Salas, Fernández estuvo cerca con un remate que pasó junto al ángulo y Rey respondió ante otra aparición del mismo delantero. Independiente, en cambio, apenas generó una chance clara, cuando Palais desbordó y encontró a Millán, cuyo remate de puntín rozó el palo izquierdo.
En el segundo tiempo apareció otra versión del Rojo. Más intensidad, más rebeldía y mayor ambición, aunque todavía sin demasiada claridad. Viera soltó a los laterales y eso permitió que Millán entrara más en juego. El equipo quedó más expuesto defensivamente, pero también consiguió instalarse más cerca del arco rival y comenzó a buscar el triunfo con mayor decisión.
El entrenador mantuvo la apuesta por la intensidad y movió las piezas de ataque: salieron Montiel y Palau, e ingresaron Gutiérrez y Abaldo. El equipo tuvo algunas aproximaciones importantes, como un remate del chileno tras una gran habilitación de Ávalos y otro disparo de Millán que Bolcato logró contener con el pecho.
Con el correr de los minutos, Independiente Rivadavia bajó la presión y comenzó a conformarse con el empate. El Rojo tuvo más espacios, pero volvió a sufrir el mismo problema: la falta de compañía para sus delanteros. Viera incluso mandó a la cancha a Cabral para intentar encontrar juego interno, aunque el equipo siguió dependiendo demasiado de los centros y de las acciones individuales.
Sobre el final, Independiente buscó hasta el último minuto y tuvo la victoria en un cabezazo de Lomónaco en tiempo de descuento, pero el arquero visitante respondió para mantener el 0-0. El resultado dejó gusto a poco por la intención mostrada, especialmente durante el segundo tiempo, aunque también expuso que todavía hay mucho por corregir.
La gente despidió al equipo con silbidos e insultos hacia la Comisión, una escena que se repite en los últimos partidos y que refleja una bronca acumulada. Para Viera, sin embargo, el debut dejó algunas señales positivas: consiguió recuperar intensidad y ambición, aunque todavía deberá trabajar mucho para que su idea se transforme en funcionamiento. Fue apenas el primer paso de una travesía que promete ser larga y exigente.