Cuando más negra parecía la tarde en el Racing Club, apareció una luz. El equipo de Gustavo Costas empató 1-1 ante Independiente Rivadavia en el Cilindro, en un partido que se le presentó cuesta arriba desde el primer tiempo. La Academia jugó mal, perdió a Adrián Martínez por lesión y se quedó con diez por la expulsión de Miljevic. Sin conductor y sin goleador, el panorama era preocupante.
El conjunto mendocino, que llegó como líder de la Zona B, aprovechó el desconcierto local. Racing no encontró el libreto tras la roja y la salida de su figura. Costas probó variantes improvisadas: Solari, Toto Fernández y Conechny pasaron por el puesto de centrodelantero sin serlo naturalmente. Todo fue forzado, accidentado y cuesta arriba para un equipo que nunca logró asentarse en el juego.
Para colmo, el gol visitante fue un golpe inesperado. De un tiro de esquina a favor de la Academia nació el 1-0 de Independiente Rivadavia: rechazo, pase largo de Villa y Fernández definió mano a mano ante Cambeses. De pelota parada a favor a contra letal. Un mazazo que parecía sentenciar la tarde y profundizar la crisis futbolística del local.
Pero cuando el escenario era más oscuro, Racing reaccionó. Con el ingreso de Vergara, Conechny como 9 y Baltasar por derecha, el equipo ganó energía. Un derechazo de Di Césare al travesaño avisó y luego llegó el empate: centro perfecto de Rojas desde el córner y frentazo de Conechny para el 1-1, su tercer gol en el campeonato, todos de cabeza. En los últimos minutos, la Academia incluso soñó con ganarlo. No pudo, pero el aplauso final reconoció un empate que, más allá del juego, dejó una señal anímica positiva.