La Selección Argentina no tuvo de esas noches brillantes en la Bombonera, ante Mauritania, el conjunto nacional hizo valer su jerarquía individual para ganar 2 a 1, aunque el funcionamiento colectivo dejó más preguntas que certezas.
El equipo dominó con claridad, alcanzando picos del 80% de posesión y una alta circulación de pelota en el primer tiempo. Sin embargo, fue un dominio estéril, sin profundidad ni contundencia. Hubo imprecisiones en controles simples, abuso del juego lateral y escasa conexión entre los futbolistas, con apenas destellos como la sociedad entre Rodrigo De Paul y Lionel Messi.
La búsqueda táctica estuvo clara: laterales abiertos, movilidad de Julián Álvarez saliendo del área y la aparición de Nico Paz como falso nueve. Pero la ejecución fue lenta y previsible, con una circulación que se volvió pastosa con el correr de los minutos.
Argentina resolvió el partido en 32 minutos gracias a su eficacia. Primero, con una jugada que inició Nahuel Molina y definió Enzo Fernández. Luego, con una acción individual de Nico Paz, que generó el tiro libre que terminó en el 2-0. Sin embargo, la esencia del juego no cambió.
Más preocupante fue lo defensivo. Mauritania logró inquietar en varias ocasiones a Emiliano Martínez, quien respondió como de costumbre, aunque no pudo evitar el descuento final. Hubo desatenciones en el fondo, especialmente en Marcos Senesi, y espacios a espaldas de Molina que debió corregir Cristian Romero.
El triunfo suma en lo estadístico, pero deja en evidencia que esta versión renovada necesita más tiempo, rodaje y ajustes. De Buenos Aires a Estados Unidos, donde continuará la preparación, el cuerpo técnico sabe que para soñar con el bicampeonato del mundo será necesario elevar el nivel. Porque ante rivales de mayor exigencia, los errores pueden costar caro.