En la previa, el empate podía considerarse un resultado positivo para Tigre. Más aún jugando en la altura de Ecuador y ante un rival directo como Macará. Sin embargo, por cómo se dio el partido, el 2-2 terminó teniendo gusto a derrota para el equipo de Diego Dabove, que estuvo muy cerca de llevarse un triunfo fundamental para acomodarse en la cima del grupo de la Copa Sudamericana.
El Matador mostró personalidad desde el arranque y dejó en claro que no iba a sufrir demasiado los 2.620 metros de altura de Ambato. Con intensidad, presión y ataques rápidos, el conjunto de Victoria encontró rápido espacios para lastimar. Y ahí apareció el hombre del momento: José Romero. El delantero fue una pesadilla constante para la defensa ecuatoriana y abrió el marcador tras quedar mano a mano con el arquero Rodrigo Rodríguez, definiendo con enorme categoría por encima del cuerpo del uno local.
Pero el desgaste físico empezó a sentirse con el correr de los minutos. Tigre perdió frescura, las transiciones dejaron de ser tan veloces y la pelota comenzó a volver demasiado rápido hacia el área defendida por Gonzalo Zenobio. Macará creció a partir de centros y pelotas paradas, una fórmula que ya le había dado resultado en la primera mitad, cuando el propio Zenobio terminó convirtiendo involuntariamente el 1-1 en contra luego de un córner.
Ese empate había sido un golpe duro para Tigre, que hasta ese momento controlaba el partido. Sin embargo, el equipo argentino reaccionó rápido en el complemento. Apenas iban seis minutos cuando otra vez apareció José Romero, esta vez con un tremendo cabezazo frontal tras un córner ejecutado por Cabrera, para devolverle la ventaja al Matador y alimentar la ilusión de una victoria enorme.
Con el 2-1, Tigre parecía encaminarse hacia un triunfo decisivo pensando en la clasificación a los octavos de final. Pero una nueva pelota parada terminó siendo fatal. Tras una infracción cerca del área, Posee anticipó de cabeza y marcó el 2-2 que dejó helado al conjunto de Victoria.
En el tramo final, el cansancio ya era evidente y Tigre terminó resistiendo más de lo que jugó. Incluso, en la última acción del partido, Gonzalo Zenobio salvó al equipo de una derrota con una atajada espectacular a puro reflejo.
El empate mantiene a Tigre en zona de clasificación, pero dejó escapar una oportunidad de oro para quedar como líder del grupo. Y en un formato tan exigente como el de la Copa Sudamericana, donde solo el primero avanza directamente a octavos, esos dos puntos perdidos en Ecuador pueden terminar pesando muchísimo.