River Plate cambió absolutamente todo. Los silbidos que se habían escuchado semanas atrás frente a San Lorenzo se transformaron en aplausos cerrados. Las dudas mutaron en ilusión y el nerviosismo dio paso a un entusiasmo que desbordó el Estadio Monumental, donde más de 85 mil personas acompañaron una actuación que alimenta el sueño del título. El equipo de Eduardo Coudet venció por 1 a 0 a Rosario Central y se metió en la final del Torneo Apertura dejando una imagen completamente distinta a la de semanas atrás.
El Millonario superó una prueba de enorme dificultad ante un rival que llegaba lanzado. El Canalla arrastraba ocho partidos sin perder entre todas las competencias, con siete victorias y un empate, luego de eliminar a Independiente y a Racing Club en el Gigante de Arroyito. Pero River logró neutralizarlo casi por completo y lo hizo con autoridad, intensidad y una idea colectiva que por momentos rozó su mejor versión en el ciclo del Chacho.
El equipo respondió incluso en los momentos adversos. Primero sufrió la temprana lesión de Sebastián Driussi tras una fuerte infracción de Ibarra y luego desperdició un penal a través de Gonzalo Montiel, especialista desde los doce pasos. Sin embargo, lejos de derrumbarse, River mostró carácter, resiliencia y una fortaleza mental que antes no tenía. Esa reacción fue una de las señales más fuertes de crecimiento del conjunto de Núñez.
El dominio del local fue mucho más amplio de lo que reflejó el marcador. Es cierto que Beltrán apareció en momentos importantes y que el palo evitó el empate tras un tiro libre de Ángel Di María, pero también es verdad que River tuvo largos tramos en los que borró completamente de la cancha a Rosario Central. Lo presionó, le quitó la pelota y lo dejó sin capacidad de reacción.
Uno de los puntos más altos estuvo en el mediocampo. Galván, Vera y Moreno dominaron el centro del campo con despliegue y agresividad, mientras que la zaga compuesta por Lucas Martínez Quarta y Rivero levantó una verdadera muralla defensiva. En ataque, Juan Cruz Meza aportó desequilibrio constante y Facundo Colidio terminó siendo decisivo al convertir con enorme tranquilidad el penal que definió la semifinal.
River jugó el partido como una verdadera final. Tuvo intensidad, agresividad y personalidad, exactamente las características que pretende imprimirle Coudet a su equipo. La transformación futbolística y anímica quedó reflejada también en las tribunas. Antes del partido, los hinchas habían bajado un mensaje claro: “Pongan más huevos, pongan más corazón”. Después del triunfo, el clima cambió por completo y el Monumental explotó al ritmo de un cántico que hasta hace poco parecía impensado: “Porque este año de acá de River salió el nuevo campeón”.
Ahora, River Plate viajará a Córdoba para disputar la gran final del Apertura frente a Argentinos Juniors o Belgrano, con la sensación de haber recuperado algo más importante que el juego: la confianza de su gente.