No había margen para fallar y Estudiantes de Río Cuarto lo entendió desde el primer minuto. En el estreno de Rubén Darío Forestello y con un plantel completamente renovado, el León arrancó la temporada con un triunfazo: venció 1-0 a Tigre en Córdoba y empezó a construir una ilusión de permanencia que, hasta hace poco, parecía una montaña imposible de escalar.
El equipo cordobés inició el campeonato último en la tabla anual y también en la tabla de los descensos, por lo que necesita realizar una campaña casi perfecta para continuar en la máxima categoría. Por eso, el primer paso tenía un valor enorme. Y Estudiantes lo dio ante un rival que llegó con la cabeza puesta en otro objetivo.
Del otro lado estuvo un Tigre con la mira dividida. Después del contundente 3-0 ante Nacional de Montevideo por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana y con la revancha del martes a la vuelta de la esquina, Diego Dabove decidió preservar a varios de sus titulares y presentó un equipo alternativo.
Aun así, el Matador nunca logró imponer condiciones frente a un Estudiantes que salió decidido a jugar el partido como una final. El conjunto cordobés manejó la iniciativa durante buena parte de la tarde, presionó alto, recuperó rápido la pelota y empujó a Tigre contra su arco, aunque le costó transformar ese dominio en situaciones claras de gol.
El encuentro parecía encaminarse hacia un empate sin goles hasta que apareció una de esas jugadas que explican por qué el fútbol está lleno de frases hechas. Dos cabezazos en el área son gol. Y esta vez el refrán no falló.
A los 30 minutos del segundo tiempo, Valenti ganó por arriba y bajó la pelota en el segundo palo. Allí apareció Sergio Ojeda, completamente libre, para empujarla a la red y desatar el festejo de todo Río Cuarto.
Recién después del gol reaccionó Tigre. Dabove mandó a la cancha a Ignacio Russo, Pity Martínez y Santiago López para intentar cambiar la historia. Con mayor jerarquía y decisión, el Matador empujó contra el arco rival y por momentos logró encerrar al León.
Sin embargo, Estudiantes de Río Cuarto resistió con orden, defendió la ventaja y terminó celebrando un triunfo que vale mucho más que tres puntos. Para un equipo que comenzó último en todas las tablas importantes, ganar en el debut no es solamente un buen comienzo: es un mensaje.
Forestello dio el primer golpe y el León empezó a creer que la permanencia puede dejar de ser una utopía.